Fue obtenido como un recuerdo de luna de miel de parte de mi esposo. Representa la madre tierra. Eran hermosos y los amé como lo amo a él.



Rosa Gutiérrez

Fue obtenido como un recuerdo de luna de miel de parte de mi esposo. Representa la madre tierra. Eran hermosos y los amé como lo amo a él.



Rosa Gutiérrez

Mi madrina creó en mí, el gusto por las joyas. Recuerdo cuando pequeña ver siempre aretes, pulseras, collares y dijes en mi cofre ¡eran sus regalos! Mi mamá me decía que ella le recomendaba, desde que era bebé, ponerme los aretes y otras prendas para que me acostumbrara a usarlas. También me cuenta que, a falta de abuelas, corría en la madrugada a calmar mi llanto, de un extremo a otro de la ciudad, por eso guardo este arete perdido como un recordatorio de su amor y de que siempre ha estado presente en mi vida.



Mijal Medina
Año, 2004

Mi arete es una huella indeleble del amor de mi hermano, quien me guío y fue la cabeza de la familia cuando mis padres se fueron a mejor vida. Su ejemplo fue mi verdadero legado de responsabilidad y amor.



Hania Henríquez
Año, 1981.

Este par de aretes lo compré inspirado en mi madre, quien todavía mantiene ese mismo estilo de aretes, pero un poco más grandes. Los aretes son sencillos, pero a ella le lucen espectaculares en conjunto con los detalles en su elegante vestir. Me trae muchos lindos recuerdos de esa mujer con carácter, fuerte, decidida y empoderada, siempre lista para enfrentar los retos de la vida diaria. ¡Ella es mi inspiración!


Ana Mae Vélez
Año, 2003

Nunca dejaba de usarlas. Me gustaban mucho porque me sentía lúcida con ellas. Desde niña me acostumbré a ponerme aretes. Mi madre siempre me decía que era una parte importante como complemento de la feminidad.




La perdí en el Casco Viejo y aún la extraño.
Gloria Lozano de Díaz
Año, 2008

Este arete es muy importante para mí, ya que fue un regalo de un estudiante hace 12 años para el “Día del Maestro”. Como me gustan tanto los gatos, mi alumno querido me dijo “maestra le regalo un gatito”, pero como tiene carita de burro lo bautice como “Gaburro”. Se extravió el día que quise estrenarlos.




Mailú Henson
Año, 2011.

Cuenta la historia de un amor que llegó adelantado y cuando decidí aceptarlo fue demasiado tarde. Mi enseñanza fue que a veces tomamos decisiones de lo que conocemos, no obstante, muchas veces dudamos de lo desconocido que puede cambiar en positivo nuestras vidas. Con la entrega de este arete al Museo, cierro un recuerdo de lo que no pudo ser.




Yessenia Sánchez
Año, 1992.

Regalo de mi tía-madrina, hermana mayor de mi mamá y única tía que me quedaba con vida. Ella era muy elegante y de gusto exquisito. Me regaló los aretes para cuando saliera con mis amigas del colegio y en una reunión con ellas durante la pandemia, por el uso de la mascarilla, se perdió.


Xenia Judith Argote
Año, 2019.

Me cuesta poner en palabras el significado de este “arete perdido”, muy especial para mí, debido a la relación de hermandad que me unió a Rosa María Britton, médico oncóloga y escritora cuyo legado ha dejado una huella significativa en la nación.
Compartimos una estrecha amistad, que me permitió conocer su alma y reconocer su sabiduría, buen actuar, integridad, entusiasmo, alegría, valor moral y patriotismo.



El hecho que sea un arete de perla y que las perlas nos gustaran mucho a ambas, añade un significado más profundo para mí. Simboliza momentos que compartimos en innumerables actividades y el sentido de protección que ella me brindaba con su amistad.
Para mí es importante conservar este arete como un recordatorio tangible de los valores y virtudes que ella representó en mi vida. ¡Su legado perdurará siempre en mi corazón!
Briseida Bloise