Herencia valiosa de una madre y abuela, siempre presentes. Dispuestas a dar y compartir. Herencia de su constante amor hacia sus hijas, nietas y bisnietas, de compromiso profundo. Gracias Pearl Spencer de Brown por tus principios, amor y virtudes. ¡Gracias por ser siempre nuestra confidente!
Este arete representa mi niñez. Aún lo conservo, pues lo he guardado siempre en un lugar especial. Debido a esto, no desapareció como el resto de las prendas familiares que fueron robadas.
Fue amor a primera vista. Me enamoré de él cuando lo vi en una vitrina y recordé que heredé de mi madre un prendedor huérfano, que le faltaban un par de aretes. Solo me lo puse una vez y se perdió. Lo conservo en honor a su memoria, hace más de 30 años.
Este modelo fue el primer arete que marcó tendencia de Rommanel Panamá. Fue muy importante para nosotras, que hemos trabajando por más de 30 años para consolidar esta joyería como una de las preferidas de la mujer panameña, por su calidad y diseño.
El color siempre fue inspirador y su forma lo convertía en un arete original y especial. Me recordaba a mi madre siempre espiritual que, aunque nunca usó aretes, cuando me obsequiaba una prenda era pensando en mí, en mi personalidad y carácter.
Mi arete perdido espero sea encontrado en la vida de otras mujeres, todas con historias únicas de amor, recuerdos, hermandad, amistad y momentos inolvidables.
¡Este arete representa la amistad! Me lo regaló una amiga que conozco desde hace 30 años; ella es una persona que ha estado en los momentos más importantes y no tan importantes de mi vida. Se pueden imaginar 30 años de amistad, desde casi unas niñas, luego confidentes adolescentes, todo un crecimiento de vida. ¡Emprendimos juntas tantas aventuras!
Fue un regalo de cumpleaños, que no me quería ni quitar, no solo porque me encantaba el diseño, sino por su valor sentimental. Se perdió en un paseo a la playa, entre agua y arena; aunque lo busqué sin cesar, me fue imposible rescatarlo. Digamos que el mar conserva la mitad de la representación de esta maravillosa amistad.
Mi amada hija Andrea tuvo el hermoso detalle de regalarme este bello arete, en reconocimiento al esfuerzo realizado para culminar mi maestría en Seguridad Social. Andrea es mi única hija y me ha dado dos hermosos nietos que adoro. Siempre guardaré este arete como símbolo de superación y amor.
¡Es una amistad muy querida! Nos conocimos cuando teníamos 13 años, durante nuestro primer año de secundaria en la Escuela Normal de Santiago. Habían pasado como unos 25 años sin vernos y volvimos a encontrarnos en un viaje a los Estados Unidos. Una amiga en común me dio su número y conversamos, así nos volvimos a ver y en ese reencuentro me trajo mis lindos aretes de regalo, por nuestra amistad de 65 años. Lo guardé con la esperanza que un día lo pueda encontrar, así como la encontré a ella.
Unas lindas argollas fueron el regalo de cumpleaños de mi esposo. Doy gracias a Dios por bendecirme con un compañero de vida, padre, hijo y amigo incondicional. Treinta y seis años después de nuestro matrimonio, aún somos novios. Mi arete se perdió en un viaje con “mis tesoros”: mi esposo Víctor y mis tres hijos Mariel, Marian y Tito; por primera vez, después de mucho tiempo pudimos reunirnos todos para acompañar a nuestra hija a cumplir su sueño universitario y de paso disfrutar de unas vacaciones. Aunque perdí mi querido arete, fue un gran momento de encuentro para nuestra familia.